Los miembros de la Comunidad Papa Juan XXIII son personas que dejan todo para ir a tierra de misión, según una elección clara: compartir su vida con los últimos. Laicos o religiosos, solteros o familias enteras, padres y madres con sus hijos, deciden compartir el día a día que los pobres se ven obligados a vivir. Sólo viviendo juntos, día tras día, se puede entender y experimentar de primera mano las verdaderas necesidades de los que no tienen nada. El compartir, de hecho, permite establecer una relación de confianza mutua y de colaboración, pero nunca de dependencia.

La Comunidad llega a ser un testigo directo de la pobreza y la voz de los que no tienen voz. 

Con 40 años de experiencia de APJ23, los miembros de la Comunidad Papa Juan XXIII comprendieron que con el fin de asegurar una ayuda real, se requiere una acción a 360°la asistencia alimentaria y de salud – esencial para responder a la emergencia – debe combinarse con la educación, la formación profesional y proyectos de microcrédito.

No es suficiente recuperarse de las enfermedades, si no se tiene de comer, o tener una formación profesional si no se tiene los recursos necesarios para iniciar un negocio y ser independientes. No es suficiente responder a la necesidad inmediata, si no se trabaja para eliminar las causas de la pobreza.

Trabajar activamente en la sensibilización, en la toma de conciencia, para cambiar el estado de las cosas es la única forma de erradicar el hambre. Se necesita un cambio de mentalidad, en cada uno de nosotros , en la política internacional y en las decisiones de los líderes nacionales.

Cada uno de nosotros debe sentir la responsabilidad de devolver a estas personas los recursos, las oportunidades y la dignidad denegada.

Ayùdanos ya, con una comida al dia para los que no tienen!